“El milagro de los peces y los panes en un pueblo joven de Kenia”

La historia de cristianos movilizándose para hacer realidad el objetivo 1 del milenio Era mi primera vez en África y estaba expectante. Desde el avión, se veía Nairobi grande y con modernos edificios. “Qué moderno”, pensé. “No parece tan pobre como dicen”, me dije. Mirando hacia abajo, podía construir una línea imaginaria que separaba a la gran ciudad con extensos valles donde la vida silvestre vivía un mundo diferente en su propia jungla. Se trataba del Parque Nacional de Nairobi, lugar casi obligatorio para los turistas que piensan que África no es más que un “safari”. Más tarde me daría cuenta que había una “jungla de cemento”, en la cual vivían miles de niños, mujeres y hombres hacinados, sin agua, luz ni servicios sanitarios. Conocidas como “villas miseria” en Argentina, “fabelas” en Brasil o “pueblos jóvenes” en Perú, este “aglomerado de gente” donde viven más de un millón y medio de personas en pocos kilómetros cuadrados, se ha convertido para los turistas que llegan a Kenia en una fascinante atracción a la cual la han denominado el “turismo de la pobreza”. Una vez me dijo mi padre “todos pueden ver un mismo paisaje, la diferencia es que no todos lo ven con los mismos ojos”. Gracias a Dios que todavía hay personas que ven desde la solidaridad y el amor. A una hora del centro de Nairobi, está “Kayole Mwiki”, otro pueblo joven donde más de 200.000 personas viven hacinadas, sin agua, luz y servicios sanitarios. En casas de 4 metros cuadrados construidas con cartón y planchas de chapa habitan familias enteras. A esta vida masificada y sin aparente futuro, se añaden problemas como la falta de empleo, no acceso a la educación, drogadicción, prostitución infantil, explotación sexual, venta ilegal de alcohol, violación, tráfico de niños, VIH sida, violencia contra la mujer y delincuencia. En este lugar de extrema pobreza, donde parece que no existe la esperanza ni la misericordia, 35 iglesias kenianas pobres y que forman parte de este pueblo joven han decidido compartir - tal la narración bíblica - sus “peces y sus panes” con familias pobres de la comunidad, las cuales no necesariamente son cristianas ni van a sus iglesias, habiéndose comprometido a alimentarlos durante un año para que ninguno de ellos pasen hambre, poniendo en práctica de esta manera el objetivo 1 del compromiso para el desarrollo del milenio: “erradicar la pobreza extrema y el hambre”. Sin financiamiento externo pero utilizando creativamente sus propios recursos, comenzaron a identificar a familias dentro de la comunidad que ni siquiera tenían para una comida diaria. Actualmente, alimentan cada día a 200 familias, además de capacitarlas en la generación de recursos propios, demostrando que existe la solidaridad entre los pobres. Estas 35 iglesias, entre las cuáles están Deliverance Church of Kenya, Redeemed Gospel Church y otras iglesias evangélicas, trabajan en conjunto con Desafío Miqueas, movilizando a cristianos en la lucha contra la pobreza. Para la cultura africana, el círculo expresa el vínculo entre las personas y es parte de su identidad. Lo que hicieron estas 35 iglesias fue hacer más grande su círculo con gente que reconocían más vulnerables a su propia situación, habiendo utilizado sus propios recursos. Desafío Miqueas ha comenzado a crear conciencia en “Kayole Mwiki”, sobre la necesidad de los otros objetivos del milenio y cómo acercarse a los representantes del Parlamento para gestionar fondos para su comunidad. Sophie Nyokabi, Coordinadora Nacional de Desafío Miqueas en Kenia, asegura que las iglesias y comunidades no saben la existencia de los fondos que son administrados por los Parlamentarios, por lo que buscan que los líderes eclesiales se movilicen a incidir políticamente para que estos fondos suplan las necesidades de la comunidad. A veces nuestros oídos y ojos están tan acostumbrados a ver y escuchar sobre la pobreza, que la pasamos por alto y ya no nos conmovemos ante una realidad tan terrible, masificada y sin aparente destino de cambio, pero el Dios de las nuevas oportunidades, siempre nos demuestra que hay gente tratando de mostrar al Dios de toda la vida y no solamente de una parte de la vida. Que nuestra acción directa en contra de la pobreza no permita que para muchos habitantes de los pueblos jóvenes de Kenia, la idea de morir sea una “bendición”. Loida Carriel Desafío Miqueas – América Latina

LA RED MIQUEAS SE PRONUNCIA SOBRE LA CRISIS AMBIENTAL

Es posible que con el paso del tiempo la Declaración sobre mayordomía de la creación y cambio climático, que sintetiza los hallazgos de la Cuarta Consulta global trienal de la Red Miqueas realizada en Kenia del 13 al 18 de julio de 2009, llegue a ser considerada como el documento más significativo que ha surgido de círculos evangélicos sobre un tema que hasta el momento no había recibido la atención que merece por parte de un pueblo que confiesa al trino Dios como el Dios de la creación. Redactado por una comisión internacional que logró organizar una muy participación en grupos de discusión de quienes asistieron a la Consulta, este documento es un excelente resumen de las preocupaciones ecológicas de una red comprometida plenamente con la misión integral de Dios, concebida como la proclamación y la demostración del Evangelio. La esperanza es que esta Declaración no sólo se constituya en una agenda para los miembros de la Red Miqueas sino que, además, incentive a los cristianos en todo lugar a tomar en serio la crisis ambiental global producida por “la ignorancia, el descuido, la arrogancia y la avaricia”; a superar la tradicional dicotomía entre la evangelización y la responsabilidad socio-ecológica, y a comprometerse activamente en la práctica y la promoción del cuidado de la creación de Dios. Establecida en 1999, la Red Miqueas ha crecido hasta llegar a ser un movimiento mundial de más de 500 agencias cristianas de servicio, desarrollo y justicia, iglesias e individuos. Cuenta actualmente con 300 miembros activos y 230 asociados en más de ochenta países. Su objetivo central es incentivar la práctica de aquello que, según el texto del cual la Red deriva su nombre, Dios requiere: “Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). DECLARACIÓN SOBRE MAYORDOMÍA DE LA CREACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO 17 de julio de 2009 Nosotros, miembros de la Red Miqueas procedentes de 38 países de los cinco continentes, nos reunimos en Limuru, Kenya del 13 al18 de julio de 2009 en la Cuarta Consulta Global Trienal. Sobre el tema de Mayordomía de la Creación y Cambio Climático, buscamos la sabiduría de Dios clamamos por la guía del Espíritu Santo al reflexionar sobre la crisis ambiental global. Como resultado de nuestras discusiones, reflexiones y oraciones,hacemos la siguiente declaración: 1. Creemos en Dios--Padre, Hijo y Espíritu Santo en comunidad—, que es creador, sustentador y Señor de todo. Dios se deleita en Su creación y está comprometido con ella (Colosenses 1:15-16 y Romanos 11:36). 2. En el principio, Dios estableció relaciones juntas entre todo lo creado. Tanto las mujeres como los hombres, como portadores de la imagen de Dios, somos llamados a servir y amar al resto de la creación, y somos responsables de rendir cuenta a Dios como mayordomos. Nuestro cuidado de la creación es un acto de adoración y obediencia a nuestro Creador (Génesis 1:26-30 y 2:15). 3. Sin embargo, no siempre hemos sido mayordomos fieles. Debido a nuestra ignorancia, negligencia, arrogancia y codicia, hemos hecho daño a la tierra y hemos quebrantado las relaciones de la creación (Génesis 3:13-24). Nuestro fracaso en ser mayordomos fieles ha causado la actual crisis ambiental, que ha llevado al cambio climático y ha puesto en peligro los ecosistemas de la tierra. Toda la creación ha sido sujeta a frustración y corrupción debido a nuestra desobediencia (Romanos 8:20). 4. Sin embargo, Dios permanece fiel (Romanos 8:21). En la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, Dios reconcilió todas las cosas consigo mismo (Colosenses 1:19-20 y Filipenses 2:6-8). Escuchamos el gemido de la creación como con dolores de parto. Esta es la promesa que Dios actuará y que El ya está trabajando para renovar todas las cosas (Romanos 8:22 y Apocalipsis 21:5). Esta es la esperanza que nos sostiene. 5. Confesamos que hemos pecado. No hemos cuidado de la Tierra con el amor sacrificial y abnegado de Dios. En vez de esto, hemos explotado, consumido y abusado de ella para nuestro propio beneficio. Con demasiada frecuencia hemos cedido ante la idolatría de la codicia (Colosenses 3:5 y Mateo 6:24). Hemos abrazado falsas dicotomías de la teología y la práctica, separando lo espiritual y lo material, lo eterno y lo temporal, lo celestial y lo terrenal. En todas estas cosas, no hemos actuado de manera justa con nuestros semejantes y con la creación, y no hemos honrado a Dios. 6. Reconocemos que la industrialización, la creciente deforestación, la agricultura y la ganadería intensificadas, como también el consumo ilimitado del petróleo y sus derivados, han roto el equilibrio de los sistemas naturales de la Tierra. El rápido incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero está causando el incremento de la temperatura global promedio, con los impactos devastadores que hoy se experimentan especialmente en las poblaciones más pobres y marginadas. El incremento proyectado de 2° C dentro de las próximas décadas alterará sustancialmente la vida en la Tierra y acelerará la pérdida de la biodiversidad. Aumentará el riesgo y la severidad de eventos climáticos extremos, como sequías, inundaciones y huracanes, causando desplazamientos de poblaciones y hambrunas. Los niveles del mar continuarán elevándose, contaminando las fuentes de agua y sumergiendo islas y comunidades costeras. Probablemente veremos migraciones masivas, lo cual llevará a conflictos por la escasez de recursos. Profundos cambios en la frecuencia de lluvias y nevadas, como también el derretimiento de los glaciares, ocasionarán una aceleración de la escasez de agua para muchos millones de personas. 7. Nos arrepentimos de nuestra teología egocéntrica de la creación y de nuestra complicidad en las relaciones económicas injustas a nivel local y global. Nos arrepentimos de aquellos aspectos de nuestro estilo de vida personal y social que deterioran la creación, y de nuestra falta de acción política. Debemos cambiar radicalmente nuestra vida en respuesta a la indignación y la tristeza de Dios por la agonía de su creación. 8. Nos comprometemos ante Dios, y llamamos a toda la familia de la fe, para dar testimonio del propósito redentor de Dios para toda su creación. Buscaremos formas apropiadas de restaurar y construir relaciones justas entre los seres humanos y con el resto de la creación. Nos esforzaremos por vivir responsablemente, rechazando el consumismo y la explotación que resulta de él (Mateo 6:24). Enseñaremos y modelaremos la mayordomía de la creación como parte de la misión integral. Intercederemos ante Dios por los que más sufren los efectos de la degradación ambiental y el cambio climático, y actuaremos con justicia y misericordia entre ellos, con ellos y por ellos (Miqueas 6:8). 9. Unimos nuestra voz a la del resto de la sociedad para demandar a los líderes locales, nacionales y globales que cumplan la responsabilidad que tienen de enfrentar la crisis del cambio climático y la degradación ambiental mediante los mecanismos y convenciones acordados a nivel intergubernamental, y de asegurar los recursos necesarios para garantizar un desarrollo sustentable. Sus reuniones como parte del proceso del Convenio Básico de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático deben producir acuerdos justos, comprehensivos y adecuados. Los líderes deben apoyar los esfuerzos de las comunidades locales para adaptarse al cambio climático, y deben actuar para proteger la vida y el sustento de las personas más vulnerables al impacto de la degradación ambiental y el cambio climático. Reconocemos que entre ellos los más afectados son las mujeres y las niñas. Hacemos un llamado a los líderes a invertir en el desarrollo de nuevas tecnologías y fuentes de energía limpias y sustentables, y a proveer apoyo adecuado para que los grupos pobres, vulnerables y marginados hagan un uso efectivo de ellas. 10. Ya no hay más tiempo para postergaciones o indiferencia. Trabajaremos con pasión, persistencia, oración y creatividad para proteger la integridad de toda la creación, y legar un ambiente y un clima seguro para nuestros hijos y los hijos de sus hijos. Los que tengan oídos para oír, oigan (Marcos 4:23).